DE QUE HABLAMOS CUANDO
HABLAMOS DE ACCIONES
Los instrumentos financieros que
comúnmente llamamos acciones surgen de la decisión de una empresa de cotizar
porciones de su capital para financiarse en el mercado primario. Normalmente
esta situación se da en los casos en que la compañía desea expandir su negocio
y no puede hacerlo con su propio capital. La empresa necesita dinero porque ve
que hay una oportunidad para que su negocio crezca. Para conseguir ese dinero
tiene 2 posibilidades. La más común sería endeudarse con una entidad
financiera, normalmente un banco. El banco a cambio de ese dinero reclamará la
devolución del mismo a un plazo + el interés que corresponda, por el “riesgo”
de prestar ese dinero y que la empresa no lo pueda devolver. En el mercado bursátil las compañías también
pueden endeudarse en el mercado emitiendo “bonos corporativos” que en Argentina
llamamos Obligaciones Negociables. Pero puede que la Cia no desee comprometerse
a un pago seguro a plazo por diversas razones: Que desconozca en qué momento
van a “madurar” las ganancias de la expansión del negocio, que las tasas de
interés sean muy elevadas, o que su negocio sea tan atractivo que haya un gran
público inversor deseando ser su socio (lo cual va a permitirle que le den una
mayor cantidad de dinero a cambio de un menor porcentaje de la empresa). En ese
caso, la empresa hace una emisión de acciones.
La valuación inicial de una
acción es un proceso arduo e impreciso[1].
Los valores contables (Valor Libro) no representan el verdadero valor de una
empresa, un buen Management, una posición preferencial frente a un mercado o
simplemente una moda pueden multiplicar varias veces el valor contable de una
empresa. Pero por suerte, no es en ese primer momento de emisión donde la
mayoría de nosotros vamos a comprar una empresa. Cuando, nosotros inversores
decidimos comprar una acción, lo vamos a hacer en lo que se conoce como “mercado
secundario”. No vamos a tener ninguna relación con la empresa emisora, sino que
la contraparte de nuestra inversión van a ser otros inversionistas.
Ahora, una vez que la adquirimos
somos dueños de una empresa. Dueño quizás suene demasiado fuerte, pero así es:
Yo hoy poseo unas 6 acciones de YPF que valen algo más de $1800 (USD 180
aprox). Está bien que en comparación con el “Market Capitalization” (El valor
de todas las acciones multiplicado por el precio de las mismas) de USD
11.720.000.000 mi participación del 0,00000153% parezca menor, pero mis
derechos son proporcionales a los de PEMEX con su 5% o al sector público
nacional y su 51%. Dichos derechos son de dos tipos: Políticos y Económicos.
Los derechos económicos me dan el
derecho a percibir el % que me corresponde de los dividendos que la compañía
decida distribuir. El estado no puede recibir dividendos por su 51% sin darme
el correspondiente a mi 0,00000153%. Pero también puedo determinar las
decisiones claves de la Cia que se votan en la asamblea de accionistas y esas 6
acciones, incluso 1 sola de ellas, me permite asistir a las asambleas y
expresar mi voto. A eso se lo conoce como derechos políticos de la acción.
GANANCIA DE UNA ACCIÓN
Ya dimos una buena idea de que
poseemos cuando tenemos una acción. Pero nadie compra un papel por un hecho
fetichista de “poseer” parte de una compañía. Uno compra una acción por que
espera que esa compra nos reporte una ganancia futura. ¿Cómo la obtenemos? De
dos maneras: Por ganancia de capital o por ganancia por dividendos.
Los dividendos son la forma en
que los dueños de la empresa reciben las ganancias de su empresa. La empresa
obtiene ganancias por su actividad durante un ejercicio, pero esas ganancias
son retenidas a menos que se decida el pago de un dividendo. El monto total que
se decida como dividendo será distribuido proporcionalmente entre todos los
accionistas de la empresa. En otros países, EE.UU. por ejemplo, las cias tienen
políticas de dividendos muy definidas como pagar $0,10/ acción durante cada
trimestre y cambiar esas políticas (tanto aumentarlos como aún más
disminuirlas) son sucesos muy importantes para la valoración de la acción.
Incluso algunas empresas de Real State que quieren ser consideradas dentro de
la categoría REITs (Real State Investment Trusts) se ven obligadas a pagar en
dividendos al menos un 90% de las ganancias que hayan obtenido dentro de cada
período.
En nuestro país, por diferentes
razones, las políticas de pagos de dividendos son muy escasas. Por eso, la
forma en que uno cristaliza una ganancia con una acción no es a través del
dinero que recibimos a través de los dividendos sino por el incremento del
valor de la acción que poseemos. Esta particularidad genera una dificultad
mayor, porque no habremos “realizado” ganancia alguna hasta que hayamos vendido
la acción que poseemos, o sea que en este caso, no solo debemos comprar la
acción adecuada, sino también venderla en el momento adecuado si es que lo que
queremos es recibir el dinero en nuestra cuenta.
LOS RIESGOS DE LAS ACCIONES
¿De donde surge el valor de una
acción? Como dijimos antes, no hay una técnica universal para la valuación de
las empresas. La contabilidad nos
entrega un valor del patrimonio neto de una compañía. Sin embargo, raramente
los dueños quieran vender su compañía al valor contable de la misma. El “valor”
de una empresa, y por lo tanto su precio, son mucho más que la simple
diferencia entre el valor contable de
sus activos (Los bienes productivos, las inversiones, el dinero y el stock de
producto) menos el valor de los pasivos (Las deudas de la empresa). Una buena
imagen de cara a los clientes puede ser mucho más valiosa que la mayoría de las
máquinas de una empresa. Posiciones preponderantes en el mercado, ideas
revolucionarias, managers de reconocida experiencia[2]
son valores que una empresa posee y que no se incluyen en ningún estado
contable. El valor de mercado de las empresas puede ser 10, 20 o 30 veces el
valor contable de una empresa y hasta más. Empresas que contablemente se
encuentran quebradas (el pasivo supera el valor de los activos), que son
llamadas “compañías en Distress” poseen valor de mercado. ¿Porqué? Porque nunca
sabemos que cambios pueden suceder que hagan que esos activos se revalúen y la
empresa vuelva a recuperar el valor de su patrimonio neto y la generación de
ganancias.
Sin embargo, tampoco sabemos
cuando estos “activos intangibles” que la contabilidad no toma en cuenta, en
realidad están sobrevaluados… y cuando llegue el momento en que los
inversionistas reconozcan el verdadero valor, el mismo sea muchas veces
inferior al que se estimaba en un principio. Esto haría caer fuertemente el
valor de nuestras inversiones. Pensemos aún más, que pasaría si esa empresa se
encontraba “apalancada” es decir había tomado mucha deuda en base al valor de
sus activos intangibles. Cuando el mercado valúe esos activos al valor
correcto, sus acreedores no van a reducir el valor de la deuda de la empresa,
al contrario van a pedir una garantía mayor por el dinero prestado a una
compañía que en realidad tiene menos valor que el que suponía. Estas caídas son
las que provocan los quiebres de una empresa ante un crack del mercado, tal es
la situación que vivió Lehmann Brothers y tantas otras en el 2008. No ocurren
ni 2008s ni 1987s ni 1929s[3]
todos los días, pero ocurren y nada nos dice que no van a volver a ocurrir.
Como también ocurren Maddofs, Bonzis, Parmalats y Enrons[4].
En los casos mencionados, los
inversionistas han llegado a perder el 100% del capital invertido. Si la
empresa quiebra, la ley indica que el accionista va a ser el último en recibir
algún pago, proveedores, acreedores empleados están antes en la lista de espera
para recibir la escasa liquidez que aun le quede a la empresa. Si no se llega a
la quiebra, las empresas pueden terminar cotizando al 30 ó 40% del valor
inicial. Desde el vamos, el inversor bursátil al invertir en acciones debe
estar preparado para perder hasta el 20% de lo invertido sin que eso signifique
una mala decisión, al contrario, debe estar preparado para que, incluso
perdiendo eso mantenga su inversión (y hasta llegue a reforzarla como
comentamos en la publicación anterior).
En los próximos días,
comenzaremos a detallar los análisis de la información pública que el inversor
puede hacer sobre las acciones en las cuales desea invertir.
[1]
Muy interesante fue el caso de la emisión inicial de acciones de Facebook (FB)
en Mayo de 2012. La compañía decidió que el valor inicial era de USD 38,
algunos inversionistas, en el mismo día llegaron a pagar USD 45 por cada acción
y unas semanas más tarde valía solo USD 25. Nadie sabe cual es el valor real de
la empresa, especialmente cuando, como en el caso de la red social, no tiene
empresas que compitan y sean “comparables”.
[2] Un
ejemplo clarísimo de esto lo podemos ver en como, los cambios en la salud y
posterior deceso de Steve Jobs afectaron la valuación de Apple (AAPL)
[3]
Años en los cuales hubo grandes caídas generales de los mercados, generando
problemas en la “economía real” y por lo tanto afectando también los precios de
las compañías que se encontraban “sanas”
[4]
Conocidos casos de Fraudes en empresas o fondos cotizantes