martes, 25 de marzo de 2014

INTRODUCCIÓN A LAS ACCIONES

En las próximas publicaciones nos vamos a meter de lleno en el Análisis de las Acciones. Hemos ya insistido en que todo inversor debe darle preponderancia a la inversión en activos de menor riesgo, como cauciones, bonos o inversiones a plazo fijo. Sin embargo, ese mayor riesgo que viene atado a una acción también trae aparejado la posibilidad de alcanzar mayores ganancias. Eso hace que las increíbles subas (y pérdidas) del mercado accionario llamen mucho más la atención de los inversores que el “aburrido mundo de las tasas de interés”. Iniciemos el camino para conocer el apasionante mundo de la inversión en “activos de renta variable”.

DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ACCIONES

Los instrumentos financieros que comúnmente llamamos acciones surgen de la decisión de una empresa de cotizar porciones de su capital para financiarse en el mercado primario. Normalmente esta situación se da en los casos en que la compañía desea expandir su negocio y no puede hacerlo con su propio capital. La empresa necesita dinero porque ve que hay una oportunidad para que su negocio crezca. Para conseguir ese dinero tiene 2 posibilidades. La más común sería endeudarse con una entidad financiera, normalmente un banco. El banco a cambio de ese dinero reclamará la devolución del mismo a un plazo + el interés que corresponda, por el “riesgo” de prestar ese dinero y que la empresa no lo pueda devolver.  En el mercado bursátil las compañías también pueden endeudarse en el mercado emitiendo “bonos corporativos” que en Argentina llamamos Obligaciones Negociables. Pero puede que la Cia no desee comprometerse a un pago seguro a plazo por diversas razones: Que desconozca en qué momento van a “madurar” las ganancias de la expansión del negocio, que las tasas de interés sean muy elevadas, o que su negocio sea tan atractivo que haya un gran público inversor deseando ser su socio (lo cual va a permitirle que le den una mayor cantidad de dinero a cambio de un menor porcentaje de la empresa). En ese caso, la empresa hace una emisión de acciones.
La valuación inicial de una acción es un proceso arduo e impreciso[1]. Los valores contables (Valor Libro) no representan el verdadero valor de una empresa, un buen Management, una posición preferencial frente a un mercado o simplemente una moda pueden multiplicar varias veces el valor contable de una empresa. Pero por suerte, no es en ese primer momento de emisión donde la mayoría de nosotros vamos a comprar una empresa. Cuando, nosotros inversores decidimos comprar una acción, lo vamos a hacer en lo que se conoce como “mercado secundario”. No vamos a tener ninguna relación con la empresa emisora, sino que la contraparte de nuestra inversión van a ser otros inversionistas.
Ahora, una vez que la adquirimos somos dueños de una empresa. Dueño quizás suene demasiado fuerte, pero así es: Yo hoy poseo unas 6 acciones de YPF que valen algo más de $1800 (USD 180 aprox). Está bien que en comparación con el “Market Capitalization” (El valor de todas las acciones multiplicado por el precio de las mismas) de USD 11.720.000.000 mi participación del 0,00000153% parezca menor, pero mis derechos son proporcionales a los de PEMEX con su 5% o al sector público nacional y su 51%. Dichos derechos son de dos tipos: Políticos y Económicos.
Los derechos económicos me dan el derecho a percibir el % que me corresponde de los dividendos que la compañía decida distribuir. El estado no puede recibir dividendos por su 51% sin darme el correspondiente a mi 0,00000153%. Pero también puedo determinar las decisiones claves de la Cia que se votan en la asamblea de accionistas y esas 6 acciones, incluso 1 sola de ellas, me permite asistir a las asambleas y expresar mi voto. A eso se lo conoce como derechos políticos de la acción.

GANANCIA DE UNA ACCIÓN

Ya dimos una buena idea de que poseemos cuando tenemos una acción. Pero nadie compra un papel por un hecho fetichista de “poseer” parte de una compañía. Uno compra una acción por que espera que esa compra nos reporte una ganancia futura. ¿Cómo la obtenemos? De dos maneras: Por ganancia de capital o por ganancia por dividendos.
Los dividendos son la forma en que los dueños de la empresa reciben las ganancias de su empresa. La empresa obtiene ganancias por su actividad durante un ejercicio, pero esas ganancias son retenidas a menos que se decida el pago de un dividendo. El monto total que se decida como dividendo será distribuido proporcionalmente entre todos los accionistas de la empresa. En otros países, EE.UU. por ejemplo, las cias tienen políticas de dividendos muy definidas como pagar $0,10/ acción durante cada trimestre y cambiar esas políticas (tanto aumentarlos como aún más disminuirlas) son sucesos muy importantes para la valoración de la acción. Incluso algunas empresas de Real State que quieren ser consideradas dentro de la categoría REITs (Real State Investment Trusts) se ven obligadas a pagar en dividendos al menos un 90% de las ganancias que hayan obtenido dentro de cada período.
En nuestro país, por diferentes razones, las políticas de pagos de dividendos son muy escasas. Por eso, la forma en que uno cristaliza una ganancia con una acción no es a través del dinero que recibimos a través de los dividendos sino por el incremento del valor de la acción que poseemos. Esta particularidad genera una dificultad mayor, porque no habremos “realizado” ganancia alguna hasta que hayamos vendido la acción que poseemos, o sea que en este caso, no solo debemos comprar la acción adecuada, sino también venderla en el momento adecuado si es que lo que queremos es recibir el dinero en nuestra cuenta.   

     
LOS RIESGOS DE LAS ACCIONES

¿De donde surge el valor de una acción? Como dijimos antes, no hay una técnica universal para la valuación de las empresas.  La contabilidad nos entrega un valor del patrimonio neto de una compañía. Sin embargo, raramente los dueños quieran vender su compañía al valor contable de la misma. El “valor” de una empresa, y por lo tanto su precio, son mucho más que la simple diferencia entre el valor contable  de sus activos (Los bienes productivos, las inversiones, el dinero y el stock de producto) menos el valor de los pasivos (Las deudas de la empresa). Una buena imagen de cara a los clientes puede ser mucho más valiosa que la mayoría de las máquinas de una empresa. Posiciones preponderantes en el mercado, ideas revolucionarias, managers de reconocida experiencia[2] son valores que una empresa posee y que no se incluyen en ningún estado contable. El valor de mercado de las empresas puede ser 10, 20 o 30 veces el valor contable de una empresa y hasta más. Empresas que contablemente se encuentran quebradas (el pasivo supera el valor de los activos), que son llamadas “compañías en Distress” poseen valor de mercado. ¿Porqué? Porque nunca sabemos que cambios pueden suceder que hagan que esos activos se revalúen y la empresa vuelva a recuperar el valor de su patrimonio neto y la generación de ganancias.
Sin embargo, tampoco sabemos cuando estos “activos intangibles” que la contabilidad no toma en cuenta, en realidad están sobrevaluados… y cuando llegue el momento en que los inversionistas reconozcan el verdadero valor, el mismo sea muchas veces inferior al que se estimaba en un principio. Esto haría caer fuertemente el valor de nuestras inversiones. Pensemos aún más, que pasaría si esa empresa se encontraba “apalancada” es decir había tomado mucha deuda en base al valor de sus activos intangibles. Cuando el mercado valúe esos activos al valor correcto, sus acreedores no van a reducir el valor de la deuda de la empresa, al contrario van a pedir una garantía mayor por el dinero prestado a una compañía que en realidad tiene menos valor que el que suponía. Estas caídas son las que provocan los quiebres de una empresa ante un crack del mercado, tal es la situación que vivió Lehmann Brothers y tantas otras en el 2008. No ocurren ni 2008s ni 1987s ni 1929s[3] todos los días, pero ocurren y nada nos dice que no van a volver a ocurrir. Como también ocurren Maddofs, Bonzis, Parmalats y Enrons[4].
En los casos mencionados, los inversionistas han llegado a perder el 100% del capital invertido. Si la empresa quiebra, la ley indica que el accionista va a ser el último en recibir algún pago, proveedores, acreedores empleados están antes en la lista de espera para recibir la escasa liquidez que aun le quede a la empresa. Si no se llega a la quiebra, las empresas pueden terminar cotizando al 30 ó 40% del valor inicial. Desde el vamos, el inversor bursátil al invertir en acciones debe estar preparado para perder hasta el 20% de lo invertido sin que eso signifique una mala decisión, al contrario, debe estar preparado para que, incluso perdiendo eso mantenga su inversión (y hasta llegue a reforzarla como comentamos en la publicación anterior).
En los próximos días, comenzaremos a detallar los análisis de la información pública que el inversor puede hacer sobre las acciones en las cuales desea invertir.








[1] Muy interesante fue el caso de la emisión inicial de acciones de Facebook (FB) en Mayo de 2012. La compañía decidió que el valor inicial era de USD 38, algunos inversionistas, en el mismo día llegaron a pagar USD 45 por cada acción y unas semanas más tarde valía solo USD 25. Nadie sabe cual es el valor real de la empresa, especialmente cuando, como en el caso de la red social, no tiene empresas que compitan y sean “comparables”.
[2] Un ejemplo clarísimo de esto lo podemos ver en como, los cambios en la salud y posterior deceso de Steve Jobs afectaron la valuación de Apple (AAPL)
[3] Años en los cuales hubo grandes caídas generales de los mercados, generando problemas en la “economía real” y por lo tanto afectando también los precios de las compañías que se encontraban “sanas”
[4] Conocidos casos de Fraudes en empresas o fondos cotizantes

martes, 4 de marzo de 2014

La psicología de las Inversiones

Las emociones juegan un papel crucial en las inversiones. La supuesta racionalidad que deberían tener los mercados se ve empañada por frenesís de euforia y depresión que afectan el valor de nuestras inversiones. Es muy común que esos mismos movimientos generen acciones irracionales también en el inversor afectando la posibilidad de alcanzar los objetivos planteados al comienzo de la inversión.





Ya hablamos del hecho que el precio de todo activo que vemos en el mercado se generó porque hubo alguien que compró y alguien que vendió ese activo a ese precio. La teoría económica nos dice que esas decisiones (el vender y el comprar) fueron hechas por “agentes racionales” (personas que saben todo acerca del mundo y de si mismas y hacen (venden, compran o mantienen) a partir de esa información). Sin embargo, más allá de la utilidad de la teoría económica, la decisión real de quienes participamos del mercado tiene menos racionalidad y más instintos y emociones que lo que la teoría nos puede describir.
El “hombre económico racional” es un ser imaginario que no encontramos en la realidad[1]. Las compras y ventas de todos los días las hacen personas como cada uno de nosotros en nuestros trabajos diarios. Directivas, normativas, problemas de autorización, retrasos, errores están presentes en las decisiones de inversión que todos los días se ven en el mercado y logran imponerse al análisis racional. Sin embargo, cuando nos vamos a las finanzas personales, esos aspectos desaparecen y aparece uno más serio, el de las emociones.

PSICOLOGÍA DEL INVERSOR

Al administrar nuestras finanzas personales, intentamos utilizar nuestro conocimiento e inteligencia para tomar decisiones que afectan de manera fundamental nuestra vida material. La importancia de lo que está en juego, la seguridad de nuestros proyectos, y posiblemente de otras personas que dependen de nosotros, hace que el componente emocional sea muy fuerte. En ese error de predicción que nos hizo comprar un activo que luego bajó un 20%, se ve afectado nuestro futuro viaje, la fecha en la esperabamos comprar el auto, la casa o aspectos más importantes de nuestro futuro familiar. El inversor deberá tener una sangre muy fría para que su siguiente decisión no esté plagada de emociones que se impongan al análisis racional.
Todos los inversores somos seres humanos y nos vamos a ver afectados por las emociones. Cuenta la leyenda que Sir Isaac Newton, en su retiro acercó su increíble capacidad de raciocinio al mercado de capitales inglés e invirtió en una empresa muy exitosa de su época, la Compañía de indias orientales. Sus ahorros se incrementaron en gran manera, porque había confiado correctamente en el atractivo proyecto de “misiones” que organizaba la compañía. Pero en cierto momento, se dio cuenta que los precios de esas acciones estaban inflados, una fiebre especulativa estaba haciendo que se paguen precios altísimos por participar en las “misiones” de la empresa. Siguiendo su análisis, vendió las acciones que poseía realizando una enorme ganancia. Sin embargo el fenómeno de la burbuja especulativa de su época lo fascino. Y a pesar de esperar el desplome del precio de las acciones, estos seguían y seguían subiendo por más y más meses. La caída que Newton esperaba, nunca llegaba. Así fue como uno de los mayores genios en la historia de la humanidad, al ver que se había “equivocado” al cerrar su posición en la Compañía de Indias Orientales, vuelve a concebir su idea de los mercados de capitales. Ahora cree en la posibilidad de que las acciones sigan y sigan subiendo indefinidamente, y vuelve a invertir en esta empresa con toda su riqueza como para compensar el tiempo que “perdió” estando afuera. Semanas más tarde, las acciones de la Compañía de Indias Orientales alcanzaron su máximo… la burbuja estalló y Sir Isaac Newton tuvo que disponer de tan solo un humilde retiro hasta el final de sus días.
Como vemos, más allá de nuestra capacidad de raciocinio (que a Newton le sobraba), las emociones que despierta la administración de nuestros ahorros suelen nublar nuestro buen juicio. Por eso quiero repasar algunos conceptos que son muy importantes para evitar que los aspectos irracionales tomen el control de nuestras decisiones.      

OPORTUNCRISIS

Cuando un activo cayó mucho en su valor los inversores lo suelen dejar de lado. Lo mismo sucede cuando un activo retrasa su crecimiento en comparación con otros. Los inversores no desean permanecer en el activo poco dinámico y lo venden reduciendo aún más su precio. Las valuaciones de los activos de muchas empresas y bonos sufren corridas en contra que hace que su valor se reduzca sensiblemente en pocos días. Sin embargo, mientras la empresa o institución de la cual depende el pago de esos activos se encuentre financieramente saludable, esta corrida no le generará efecto alguno en su estructura real. El valor intrínseco, el valor real de la empresa tiene una variación mucho menor al valor de esa empresa en el mercado de capitales.
Para la mayor parte de los análisis racionales la caída del valor de un activo lo hace más atractivo. En el caso de un bono, una baja del precio hace aumentar la TIR, lo cual hace más deseable al bono. En una acción, ratios como el Price to Earnings o Price to Book Value se reducen generando señales de compra.
Por eso, al momento de comprar, debemos estar muy atentos, no a los activos que subieron su valor, sino por el contrario, a los que perdieron, ya que en muchos casos esa “crisis” en el valor puede ser una real oportunidad de ingreso. Asimismo si un activo aumentó exageradamente su precio, será un buen momento para venderlo y realizar las ganancias de la inversión. 

LA ESTRATEGIA. MANTENÉ TU PLAN

Antes de colocar mi inversión debo haber realizado una estrategia en la que definí como iba a estar compuesta mi cartera. A partir de conocer el horizonte temporal de mi inversión, el objetivo de la misma y el nivel de tolerancia al riesgo del inversor definimos una estrategia para la cartera. La estrategia es consecuencia de un buen manejo de los conceptos de duration, riesgo y diversificación.
Siempre y cuando no ocurran cambios fundamentales con respecto a la información que conocíamos al comienzo de la inversión, es ideal conservar la estrategia de asignación de activos que habíamos definido al comienzo. Un mayor dinamismo por parte de un tipo de activos suele generarnos la idea de que debemos incrementar la exposición a esos activos y viceversa. Pero estos movimientos, afectan la diversificación de la cartera (que debimos tener en cuenta al elegir la estrategia de inversión) y el esquema de riesgo elegido. Así, los activos más dinámicos, posiblemente sean más riesgosos y al incrementar nuestra participación en ellos vamos a estar aumentando el riesgo total de la cartera. Por el contrario, los activos, que hayan perdido valor, seguramente también sean más riesgosos, pero recordemos que “riesgo” no es necesariamente negativo (solo lo es al entender que en general, todos somos aversos al riesgo) y desprendernos de ellos nos puede alejar de la ganancia futura que esperábamos de esos activos al momento de elegirlos.

LA “COBARDÍA” DE LOS MERCADOS… Y COMO OPERARLA

Hay una frase de la economía que dice que nada es más cobarde que las inversiones. Con esto se suele querer indicar, que al momento que haya alguna señal que se pueda entender como negativa, los capitales rápidamente abandonarán esos activos. Sin embargo, también la debemos acompañar con el concepto de anticipación de los movimientos que posee el mercado de capitales. Al manejarse por expectativas futuras inciertas, los valores de los activos financieros necesariamente intentan “adelantarse” a las noticias en la economía real. Cuando el hecho sucedió, (sea este de efectos positivos o negativos) el mercado ya lo asumió. En el caso de nosotros, pequeños ahorristas, de ninguna manera podremos disponer de información antes que los grandes inversores que tienen una estructura enorme  y canales de información desarrollados para conocer los hechos y los rumores con la mayor antelación posible.
Dejo dos buenos consejos para manejar estos conceptos de los mercados de capitales:

1)      “Operar con el rumor y cerrar la operación con la confirmación”. Como dijimos que los precios de los activos dependen de expectativas, los rumores determinan los precios, sin embargo, una vez confirmadas las noticias, las mismas solo reflejarán lo que el mercado creía que iba a suceder y la confirmación no generará mayor impacto. Entonces, si el rumor es que sucederá algo positivo, el activo debería ganar valor desde el inicio del rumor hasta que el mismo se confirme. Llegado ese momento, muchos de los inversores que compraron el activo por el rumor creerán que no hay más espacio para sus ganancias y venderán realizando una “toma de ganancias” que hará perder valor al activo y al inversor que esperó a comprarlo al momento que se confirmó la noticia. Lo mismo pasa al contrario. En nuestro país, el rumor y posterior estatización de YPF (YPFD) refleja este comportamiento a la baja. El posterior acuerdo con la petrolera norteamericana Chevron lo reflejan a la suba.

2)       “El mercado hace techos con buenas noticias y pisos con las malas”. Muy relacionado a lo anterior, este es un concepto clave en quienes se dedican al análisis técnico de los activos. En Argentina el “techo” (máximo) del índice MERVAL se dio en el año 1992, momento en que se estableció el plan de Convertibilidad. El país viviría luego años de crecimiento (interrumpidos por la crisis mexicana del 94-95) pero si se hubiese comprado acciones una vez que el plan fue establecido, los resultados serían de fuertes pérdidas. ¿Cuál fue el piso? El año 2002, momento en que el país atravesaba la crisis más fuerte de su historia. Nuevamente oportuncrisis. El inversor que hubiese ingresado en esos momentos hoy podría haber multiplicado sus ahorros en hasta 500 veces (para que quede claro invirtiendo $1.000, se podrían tener hoy ¡$500.000!)

Finalmente vale recordar lo expuesto en el primer párrafo, aun cuando vemos caídas del 10% en un activo en un día y pensamos que todo el mundo está vendiendo, debemos entender, que si hay un precio es porque alguien está vendiendo, pero también hay alguien que está comprando, seguramente basado en ideas como las que acabo de presentar.



[1] Lo más cercano a esto se dan en ciertos traders quienes construyen programas de computación que pueden analizar una inmensa cantidad de información para luego entregar estrategias de inversión para diferentes activos. Demás está decir que aún no se puede demostrar definitivamente que la respuesta de estos sistemas sea superior a la entregada por otros tipos de análisis.