Las emociones juegan un papel crucial en las
inversiones. La supuesta racionalidad que deberían tener los mercados se ve
empañada por frenesís de euforia y depresión que afectan el valor de nuestras
inversiones. Es muy común que esos mismos movimientos generen acciones
irracionales también en el inversor afectando la posibilidad de alcanzar los
objetivos planteados al comienzo de la inversión.
Ya hablamos del hecho que el precio de todo
activo que vemos en el mercado se generó porque hubo alguien que compró y alguien
que vendió ese activo a ese precio. La teoría económica nos dice que esas
decisiones (el vender y el comprar) fueron hechas por “agentes racionales”
(personas que saben todo acerca del mundo y de si mismas y hacen (venden,
compran o mantienen) a partir de esa información). Sin embargo, más allá de la
utilidad de la teoría económica, la decisión real de quienes participamos del
mercado tiene menos racionalidad y más instintos y emociones que lo que la
teoría nos puede describir.
El “hombre económico racional” es un ser
imaginario que no encontramos en la realidad[1].
Las compras y ventas de todos los días las hacen personas como cada uno de
nosotros en nuestros trabajos diarios. Directivas, normativas, problemas de
autorización, retrasos, errores están presentes en las decisiones de inversión
que todos los días se ven en el mercado y logran imponerse al análisis
racional. Sin embargo, cuando nos vamos a las finanzas personales, esos
aspectos desaparecen y aparece uno más serio, el de las emociones.
PSICOLOGÍA DEL INVERSOR
Al administrar nuestras finanzas personales,
intentamos utilizar nuestro conocimiento e inteligencia para tomar decisiones
que afectan de manera fundamental nuestra vida material. La importancia de lo
que está en juego, la seguridad de nuestros proyectos, y posiblemente de otras
personas que dependen de nosotros, hace que el componente emocional sea muy
fuerte. En ese error de predicción que nos hizo comprar un activo que luego
bajó un 20%, se ve afectado nuestro futuro viaje, la fecha en la esperabamos comprar
el auto, la casa o aspectos más importantes de nuestro futuro familiar. El
inversor deberá tener una sangre muy fría para que su siguiente decisión no
esté plagada de emociones que se impongan al análisis racional.
Todos los inversores somos seres humanos y nos
vamos a ver afectados por las emociones. Cuenta la leyenda que Sir Isaac
Newton, en su retiro acercó su increíble capacidad de raciocinio al mercado de
capitales inglés e invirtió en una empresa muy exitosa de su época, la Compañía
de indias orientales. Sus ahorros se incrementaron en gran manera, porque había
confiado correctamente en el atractivo proyecto de “misiones” que organizaba la
compañía. Pero en cierto momento, se dio cuenta que los precios de esas
acciones estaban inflados, una fiebre especulativa estaba haciendo que se
paguen precios altísimos por participar en las “misiones” de la empresa.
Siguiendo su análisis, vendió las acciones que poseía realizando una enorme
ganancia. Sin embargo el fenómeno de la burbuja especulativa de su época lo
fascino. Y a pesar de esperar el desplome del precio de las acciones, estos seguían
y seguían subiendo por más y más meses. La caída que Newton esperaba, nunca
llegaba. Así fue como uno de los mayores genios en la historia de la humanidad,
al ver que se había “equivocado” al cerrar su posición en la Compañía de Indias
Orientales, vuelve a concebir su idea de los mercados de capitales. Ahora cree
en la posibilidad de que las acciones sigan y sigan subiendo indefinidamente, y
vuelve a invertir en esta empresa con toda su riqueza como para compensar el
tiempo que “perdió” estando afuera. Semanas más tarde, las acciones de la
Compañía de Indias Orientales alcanzaron su máximo… la burbuja estalló y Sir
Isaac Newton tuvo que disponer de tan solo un humilde retiro hasta el final de
sus días.
Como vemos, más allá de nuestra capacidad de
raciocinio (que a Newton le sobraba), las emociones que despierta la
administración de nuestros ahorros suelen nublar nuestro buen juicio. Por eso
quiero repasar algunos conceptos que son muy importantes para evitar que los
aspectos irracionales tomen el control de nuestras decisiones.
OPORTUNCRISIS
Cuando un activo cayó mucho en su valor los
inversores lo suelen dejar de lado. Lo mismo sucede cuando un activo retrasa su
crecimiento en comparación con otros. Los inversores no desean permanecer en el
activo poco dinámico y lo venden reduciendo aún más su precio. Las valuaciones
de los activos de muchas empresas y bonos sufren corridas en contra que hace
que su valor se reduzca sensiblemente en pocos días. Sin embargo, mientras la
empresa o institución de la cual depende el pago de esos activos se encuentre financieramente
saludable, esta corrida no le generará efecto alguno en su estructura real. El
valor intrínseco, el valor real de la empresa tiene una variación mucho menor
al valor de esa empresa en el mercado de capitales.
Para la mayor parte de los análisis racionales
la caída del valor de un activo lo hace más atractivo. En el caso de un bono,
una baja del precio hace aumentar la
TIR , lo cual hace más deseable al bono. En una acción, ratios
como el Price to Earnings o Price to Book Value se reducen generando señales de
compra.
Por eso, al momento de comprar, debemos estar
muy atentos, no a los activos que subieron su valor, sino por el contrario, a los
que perdieron, ya que en muchos casos esa “crisis” en el valor puede ser una
real oportunidad de ingreso. Asimismo si un activo aumentó exageradamente su
precio, será un buen momento para venderlo y realizar las ganancias de la
inversión.
LA ESTRATEGIA. MANTENÉ TU PLAN
Antes de colocar mi inversión debo haber
realizado una estrategia en la que definí como iba a estar compuesta mi
cartera. A partir de conocer el horizonte temporal de mi inversión, el objetivo
de la misma y el nivel de tolerancia al riesgo del inversor definimos una
estrategia para la cartera. La estrategia es consecuencia de un buen manejo de
los conceptos de duration, riesgo y diversificación.
Siempre y cuando no ocurran cambios
fundamentales con respecto a la información que conocíamos al comienzo de la
inversión, es ideal conservar la estrategia de asignación de activos que
habíamos definido al comienzo. Un mayor dinamismo por parte de un tipo de
activos suele generarnos la idea de que debemos incrementar la exposición a
esos activos y viceversa. Pero estos movimientos, afectan la diversificación de
la cartera (que debimos tener en cuenta al elegir la estrategia de inversión) y
el esquema de riesgo elegido. Así, los activos más dinámicos, posiblemente sean
más riesgosos y al incrementar nuestra participación en ellos vamos a estar
aumentando el riesgo total de la cartera. Por el contrario, los activos, que
hayan perdido valor, seguramente también sean más riesgosos, pero recordemos
que “riesgo” no es necesariamente negativo (solo lo es al entender que en
general, todos somos aversos al riesgo) y desprendernos de ellos nos puede
alejar de la ganancia futura que esperábamos de esos activos al momento de
elegirlos.
LA “COBARDÍA” DE LOS MERCADOS… Y COMO OPERARLA
Hay una frase de la economía que dice que nada
es más cobarde que las inversiones. Con esto se suele querer indicar, que al
momento que haya alguna señal que se pueda entender como negativa, los
capitales rápidamente abandonarán esos activos. Sin embargo, también la debemos
acompañar con el concepto de anticipación de los movimientos que posee el
mercado de capitales. Al manejarse por expectativas futuras inciertas, los
valores de los activos financieros necesariamente intentan “adelantarse” a las
noticias en la economía real. Cuando el hecho sucedió, (sea este de efectos
positivos o negativos) el mercado ya lo asumió. En el caso de nosotros,
pequeños ahorristas, de ninguna manera podremos disponer de información antes
que los grandes inversores que tienen una estructura enorme y canales de información desarrollados para
conocer los hechos y los rumores con la mayor antelación posible.
Dejo dos buenos consejos para manejar estos
conceptos de los mercados de capitales:
1)
“Operar con el rumor y cerrar la operación con la confirmación”. Como dijimos que los precios de los activos dependen de expectativas,
los rumores determinan los precios, sin embargo, una vez confirmadas las
noticias, las mismas solo reflejarán lo que el mercado creía que iba a suceder
y la confirmación no generará mayor impacto. Entonces, si el rumor es que
sucederá algo positivo, el activo debería ganar valor desde el inicio del rumor
hasta que el mismo se confirme. Llegado ese momento, muchos de los inversores
que compraron el activo por el rumor creerán que no hay más espacio para sus
ganancias y venderán realizando una “toma de ganancias” que hará perder valor
al activo y al inversor que esperó a comprarlo al momento que se confirmó la
noticia. Lo mismo pasa al contrario. En nuestro país, el rumor y posterior
estatización de YPF (YPFD) refleja este comportamiento a la baja. El posterior
acuerdo con la petrolera norteamericana Chevron lo reflejan a la suba.
2)
“El mercado hace techos con
buenas noticias y pisos con las malas”. Muy
relacionado a lo anterior, este es un concepto clave en quienes se dedican al
análisis técnico de los activos. En Argentina el “techo” (máximo) del índice
MERVAL se dio en el año 1992, momento en que se estableció el plan de
Convertibilidad. El país viviría luego años de crecimiento (interrumpidos por
la crisis mexicana del 94-95) pero si se hubiese comprado acciones una vez que
el plan fue establecido, los resultados serían de fuertes pérdidas. ¿Cuál fue
el piso? El año 2002, momento en que el país atravesaba la crisis más fuerte de
su historia. Nuevamente oportuncrisis. El inversor que hubiese ingresado en
esos momentos hoy podría haber multiplicado sus ahorros en hasta 500 veces
(para que quede claro invirtiendo $1.000, se podrían tener hoy ¡$500.000!)
Finalmente vale recordar lo expuesto en el
primer párrafo, aun cuando vemos caídas del 10% en un activo en un día y
pensamos que todo el mundo está vendiendo, debemos entender, que si hay un
precio es porque alguien está vendiendo, pero también hay alguien que está
comprando, seguramente basado en ideas como las que acabo de presentar.
[1] Lo más cercano a esto se dan en ciertos traders quienes construyen
programas de computación que pueden analizar una inmensa cantidad de
información para luego entregar estrategias de inversión para diferentes
activos. Demás está decir que aún no se puede demostrar definitivamente que la
respuesta de estos sistemas sea superior a la entregada por otros tipos de
análisis.
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