martes, 4 de marzo de 2014

La psicología de las Inversiones

Las emociones juegan un papel crucial en las inversiones. La supuesta racionalidad que deberían tener los mercados se ve empañada por frenesís de euforia y depresión que afectan el valor de nuestras inversiones. Es muy común que esos mismos movimientos generen acciones irracionales también en el inversor afectando la posibilidad de alcanzar los objetivos planteados al comienzo de la inversión.





Ya hablamos del hecho que el precio de todo activo que vemos en el mercado se generó porque hubo alguien que compró y alguien que vendió ese activo a ese precio. La teoría económica nos dice que esas decisiones (el vender y el comprar) fueron hechas por “agentes racionales” (personas que saben todo acerca del mundo y de si mismas y hacen (venden, compran o mantienen) a partir de esa información). Sin embargo, más allá de la utilidad de la teoría económica, la decisión real de quienes participamos del mercado tiene menos racionalidad y más instintos y emociones que lo que la teoría nos puede describir.
El “hombre económico racional” es un ser imaginario que no encontramos en la realidad[1]. Las compras y ventas de todos los días las hacen personas como cada uno de nosotros en nuestros trabajos diarios. Directivas, normativas, problemas de autorización, retrasos, errores están presentes en las decisiones de inversión que todos los días se ven en el mercado y logran imponerse al análisis racional. Sin embargo, cuando nos vamos a las finanzas personales, esos aspectos desaparecen y aparece uno más serio, el de las emociones.

PSICOLOGÍA DEL INVERSOR

Al administrar nuestras finanzas personales, intentamos utilizar nuestro conocimiento e inteligencia para tomar decisiones que afectan de manera fundamental nuestra vida material. La importancia de lo que está en juego, la seguridad de nuestros proyectos, y posiblemente de otras personas que dependen de nosotros, hace que el componente emocional sea muy fuerte. En ese error de predicción que nos hizo comprar un activo que luego bajó un 20%, se ve afectado nuestro futuro viaje, la fecha en la esperabamos comprar el auto, la casa o aspectos más importantes de nuestro futuro familiar. El inversor deberá tener una sangre muy fría para que su siguiente decisión no esté plagada de emociones que se impongan al análisis racional.
Todos los inversores somos seres humanos y nos vamos a ver afectados por las emociones. Cuenta la leyenda que Sir Isaac Newton, en su retiro acercó su increíble capacidad de raciocinio al mercado de capitales inglés e invirtió en una empresa muy exitosa de su época, la Compañía de indias orientales. Sus ahorros se incrementaron en gran manera, porque había confiado correctamente en el atractivo proyecto de “misiones” que organizaba la compañía. Pero en cierto momento, se dio cuenta que los precios de esas acciones estaban inflados, una fiebre especulativa estaba haciendo que se paguen precios altísimos por participar en las “misiones” de la empresa. Siguiendo su análisis, vendió las acciones que poseía realizando una enorme ganancia. Sin embargo el fenómeno de la burbuja especulativa de su época lo fascino. Y a pesar de esperar el desplome del precio de las acciones, estos seguían y seguían subiendo por más y más meses. La caída que Newton esperaba, nunca llegaba. Así fue como uno de los mayores genios en la historia de la humanidad, al ver que se había “equivocado” al cerrar su posición en la Compañía de Indias Orientales, vuelve a concebir su idea de los mercados de capitales. Ahora cree en la posibilidad de que las acciones sigan y sigan subiendo indefinidamente, y vuelve a invertir en esta empresa con toda su riqueza como para compensar el tiempo que “perdió” estando afuera. Semanas más tarde, las acciones de la Compañía de Indias Orientales alcanzaron su máximo… la burbuja estalló y Sir Isaac Newton tuvo que disponer de tan solo un humilde retiro hasta el final de sus días.
Como vemos, más allá de nuestra capacidad de raciocinio (que a Newton le sobraba), las emociones que despierta la administración de nuestros ahorros suelen nublar nuestro buen juicio. Por eso quiero repasar algunos conceptos que son muy importantes para evitar que los aspectos irracionales tomen el control de nuestras decisiones.      

OPORTUNCRISIS

Cuando un activo cayó mucho en su valor los inversores lo suelen dejar de lado. Lo mismo sucede cuando un activo retrasa su crecimiento en comparación con otros. Los inversores no desean permanecer en el activo poco dinámico y lo venden reduciendo aún más su precio. Las valuaciones de los activos de muchas empresas y bonos sufren corridas en contra que hace que su valor se reduzca sensiblemente en pocos días. Sin embargo, mientras la empresa o institución de la cual depende el pago de esos activos se encuentre financieramente saludable, esta corrida no le generará efecto alguno en su estructura real. El valor intrínseco, el valor real de la empresa tiene una variación mucho menor al valor de esa empresa en el mercado de capitales.
Para la mayor parte de los análisis racionales la caída del valor de un activo lo hace más atractivo. En el caso de un bono, una baja del precio hace aumentar la TIR, lo cual hace más deseable al bono. En una acción, ratios como el Price to Earnings o Price to Book Value se reducen generando señales de compra.
Por eso, al momento de comprar, debemos estar muy atentos, no a los activos que subieron su valor, sino por el contrario, a los que perdieron, ya que en muchos casos esa “crisis” en el valor puede ser una real oportunidad de ingreso. Asimismo si un activo aumentó exageradamente su precio, será un buen momento para venderlo y realizar las ganancias de la inversión. 

LA ESTRATEGIA. MANTENÉ TU PLAN

Antes de colocar mi inversión debo haber realizado una estrategia en la que definí como iba a estar compuesta mi cartera. A partir de conocer el horizonte temporal de mi inversión, el objetivo de la misma y el nivel de tolerancia al riesgo del inversor definimos una estrategia para la cartera. La estrategia es consecuencia de un buen manejo de los conceptos de duration, riesgo y diversificación.
Siempre y cuando no ocurran cambios fundamentales con respecto a la información que conocíamos al comienzo de la inversión, es ideal conservar la estrategia de asignación de activos que habíamos definido al comienzo. Un mayor dinamismo por parte de un tipo de activos suele generarnos la idea de que debemos incrementar la exposición a esos activos y viceversa. Pero estos movimientos, afectan la diversificación de la cartera (que debimos tener en cuenta al elegir la estrategia de inversión) y el esquema de riesgo elegido. Así, los activos más dinámicos, posiblemente sean más riesgosos y al incrementar nuestra participación en ellos vamos a estar aumentando el riesgo total de la cartera. Por el contrario, los activos, que hayan perdido valor, seguramente también sean más riesgosos, pero recordemos que “riesgo” no es necesariamente negativo (solo lo es al entender que en general, todos somos aversos al riesgo) y desprendernos de ellos nos puede alejar de la ganancia futura que esperábamos de esos activos al momento de elegirlos.

LA “COBARDÍA” DE LOS MERCADOS… Y COMO OPERARLA

Hay una frase de la economía que dice que nada es más cobarde que las inversiones. Con esto se suele querer indicar, que al momento que haya alguna señal que se pueda entender como negativa, los capitales rápidamente abandonarán esos activos. Sin embargo, también la debemos acompañar con el concepto de anticipación de los movimientos que posee el mercado de capitales. Al manejarse por expectativas futuras inciertas, los valores de los activos financieros necesariamente intentan “adelantarse” a las noticias en la economía real. Cuando el hecho sucedió, (sea este de efectos positivos o negativos) el mercado ya lo asumió. En el caso de nosotros, pequeños ahorristas, de ninguna manera podremos disponer de información antes que los grandes inversores que tienen una estructura enorme  y canales de información desarrollados para conocer los hechos y los rumores con la mayor antelación posible.
Dejo dos buenos consejos para manejar estos conceptos de los mercados de capitales:

1)      “Operar con el rumor y cerrar la operación con la confirmación”. Como dijimos que los precios de los activos dependen de expectativas, los rumores determinan los precios, sin embargo, una vez confirmadas las noticias, las mismas solo reflejarán lo que el mercado creía que iba a suceder y la confirmación no generará mayor impacto. Entonces, si el rumor es que sucederá algo positivo, el activo debería ganar valor desde el inicio del rumor hasta que el mismo se confirme. Llegado ese momento, muchos de los inversores que compraron el activo por el rumor creerán que no hay más espacio para sus ganancias y venderán realizando una “toma de ganancias” que hará perder valor al activo y al inversor que esperó a comprarlo al momento que se confirmó la noticia. Lo mismo pasa al contrario. En nuestro país, el rumor y posterior estatización de YPF (YPFD) refleja este comportamiento a la baja. El posterior acuerdo con la petrolera norteamericana Chevron lo reflejan a la suba.

2)       “El mercado hace techos con buenas noticias y pisos con las malas”. Muy relacionado a lo anterior, este es un concepto clave en quienes se dedican al análisis técnico de los activos. En Argentina el “techo” (máximo) del índice MERVAL se dio en el año 1992, momento en que se estableció el plan de Convertibilidad. El país viviría luego años de crecimiento (interrumpidos por la crisis mexicana del 94-95) pero si se hubiese comprado acciones una vez que el plan fue establecido, los resultados serían de fuertes pérdidas. ¿Cuál fue el piso? El año 2002, momento en que el país atravesaba la crisis más fuerte de su historia. Nuevamente oportuncrisis. El inversor que hubiese ingresado en esos momentos hoy podría haber multiplicado sus ahorros en hasta 500 veces (para que quede claro invirtiendo $1.000, se podrían tener hoy ¡$500.000!)

Finalmente vale recordar lo expuesto en el primer párrafo, aun cuando vemos caídas del 10% en un activo en un día y pensamos que todo el mundo está vendiendo, debemos entender, que si hay un precio es porque alguien está vendiendo, pero también hay alguien que está comprando, seguramente basado en ideas como las que acabo de presentar.



[1] Lo más cercano a esto se dan en ciertos traders quienes construyen programas de computación que pueden analizar una inmensa cantidad de información para luego entregar estrategias de inversión para diferentes activos. Demás está decir que aún no se puede demostrar definitivamente que la respuesta de estos sistemas sea superior a la entregada por otros tipos de análisis.

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