Muchas veces los promotores de la inversión bursátil nos ramos
ante este argumento: “Invertir en la
bolsa es como jugar en el casino”. Esa afirmación implica muchas
características que no se corresponden con las posibilidades que nos da la
inversión bursátil. En las próximas líneas revisaremos esa comparación para
entender que nos lleva a ella y revisar si es justo o no catalogar la bolsa
como un casino y al inversor como un jugador.
De más está aclarar las
diferencias institucionales entre el ámbito bursátil en el que empresas y
gobiernos se acercan a financiarse con un casino que es un negocio relacionado
con el entretenimiento. Quienes hacen la afirmación de que la bolsa es como un
Casino, no apuntan a esos detalles sino al hecho de que las inversiones en
bolsa tendrían la misma aleatoriedad que el resultado de un juego de
ruleta. O sea que ganar o perder en la
bolsa es solamente una cuestión de suerte igual que el jugar en el casino.
LA SUERTE Y EL
RIESGO
Al jugar a la
ruleta, quien decide si ganamos o perdemos es la suerte. No hay estudio
racional posible que nos lleve a una buena estrategia. El jugador solo decide
cuanto arriesgar (arriesgar menos al jugarle a un color, arriesgar más al jugar
a un pleno) a la larga quien va a decidir nuestro resultado es exclusivamente
la diosa fortuna. Uno podría pararse en
el argumento de Einstein “Dios no juega a los dados” y explicar que hay una
mecánica de pelotita, ruleta y tiro del croupier que podríamos medir para
predecir donde caerá la pelota. Pero esos cálculos hoy en día resultan imposibles,
así que, nos entregamos a la suerte.
En la bolsa
uno encuentra un escenario totalmente diferente. En este “juego” el éxito de
mis elecciones no depende de la suerte sino de otros factores. Si compro un
bono o una obligación negociable (lo que llamamos “Renta Fija”) por ejemplo, el
éxito de mi inversión está dado. Ya se en que momento y en que cantidad voy a recibir
mi “premio”. O sea que en el momento en que estoy comprando mi bono, ya se
cuanto voy a cobrar y por consiguiente, cuando voy a ganar. ¿Puedo perder en
este juego? Si, en caso de que el emisor entre en Default y no pueda pagar esa
deuda. Pero esto no depende de la suerte, sino de la capacidad financiera y
respeto por los contratos del deudor. Al comprar una acción, el riesgo
atribuible a nuestro resultado es aún mayor. En este caso, desconozco cuanto y
cuando voy a cobrar mi dinero. Sin embargo, el mercado ha desarrollado
indicadores para medir el riesgo de los instrumentos financieros, las calificaciones
para el caso de la renta fija y los indicadores de riesgo para las acciones.
Sin embargo,
la diferencia entre “Suerte” y “Riesgo” es, en el mejor de los casos solo
relativa. La “Suerte”, al igual que el “Riesgo”, también se puede medir y
elegir. Por ejemplo es menos riesgoso jugar un color en la ruleta que jugar un
pleno. De hecho se puede conocer con mejor precisión el porcentaje de éxito en
la ruleta que el riesgo asumido en los instrumentos financieros. Los (18/37 )
de probabilidad de ganar con el color Negro son infinitamente más precisos que
el Beta (medidor de Riesgo) de 0,87 que tiene la acción de Tenaris o la
calificación AAA que poseían los fondos de Lehman Brothers en 2008. Los
indicadores de riesgo y calificaciones suelen depender también de información
histórica, pero nada nos asegura que lo que pasó en el pasado volverá a pasar
en el futuro.
Luego de la
simple comparación entre suerte y riesgo, quizás haya avanzado en diferenciar a
la bolsa del juego de la ruleta de un casino. Sin embargo, solo demostré que el
conocimiento del riesgo de los instrumentos bursátiles es menos preciso que el
de la suerte en la ruleta. Si solo consideraramos esto, un hombre racional
preferiría manejarse en el mundo del juego por sobre el bursátil. Pero las
diferencias no se acaban acá. Analizemos ahora los premios.
LOS PREMIOS. LA GANANCIA ESPERADA
LOS PREMIOS. LA GANANCIA ESPERADA
El Premio de
un juego es lo que el jugador recibe por haber ganado. Si queremos comparar la
racionalidad de la inversión bursátil y el juego de la ruleta, podemos afirmar
que son similares la búsqueda del jugador de obtener su premio (la plata que
recibe por haber acertado al número) y la búsqueda del inversor por obtener su
ganancia. El jugador busca su premio en su juego como el inversor busca su
ganancia en su inversión. ¿En que se parecen premio y ganancia? En que ambos
son proporcionales a la cantidad apostada o invertida. ¿En que se diferencian?
En el resultado racional, en la ganancia esperada.
Cuando uno
quiere calcular si un juego es o no favorable debe calcular la ganancia
esperada. Así, por ejemplo en la quiniela tradicional de dos números se ofrece
un premio de $70 a quien acierte un número de dos dígitos surgido en un proceso
aleatorio. Existe 100 números del 2 dígitos (00 a 99), que suceda uno solo
de ellos nos da un premio de 70$ que suceda alguno de los otros 99 nos da un
premio de $0. Este juego nos da una ganancia de $0,70 por cada $ apostado[1].
En la ruleta, no importa si jugamos a color, docena, o pleno nuestro premio esperado es de $0,97297. Esto
quiere decir que un jugador “normal”, o el promedio de los jugadores, luego de
25 tiros de ruleta tienen exactamente la mitad ($0,50) que lo que tenían en un
comienzo. Todos los juegos del casino tienen una ganancia esperada inferior a
lo apostado. Uno conoce personas que lo pierden todo en 5 tiros y otros que
duplican su apuesta. Ellos son casos puntuales, pero en promedio en cada
tirada, pierden $0,02703 por cada $ apostado en cada tiro de ruleta. Un solo
jugador jugó todos esos juegos, el casino, que es un emprendimiento con fines
de lucro y obtiene $0,2703 de ganancia por cada tiro apostado en su ruleta. ¿Es
esto injusto? De ninguna manera, el casino es una empresa proveedora de un
servicio de entretenimiento del cual disfrutan millones de personas. El casino,
busca su ganancia y no engaña en cuanto a las probabilidades de ganar. Todo
estudiante con escuela completa puede darse cuenta de las probabilidades en
contra que enfrenta en los diferentes juegos, y solo se puede jugar en caso de
ser mayor de edad.
Las
contrapartes de las operaciones bursátiles son otras personas iguales a mí que
desean desprenderse de un activo financiero en un momento en el que yo deseo
adquirir ese activo. Realizamos esa transacción a un precio al cual ambos
estamos de acuerdo y normalmente sabemos que es cercano al precio al cual
infinidades de otros inversores están vendiendo y comprando sus activos (El
precio de mercado). ¿Cuál es el rendimiento esperado de esos activos? La
respuesta es tendenciosa porque como dijimos antes, las medidas de riesgo no
son precisas. Todo cálculo de riesgo les otorga a los diferentes instrumentos
financieros una ganancia esperada positiva. Hoy en día, todo instrumento
financiero está valuado de forma que su ganancia esperada sea como mínimo %
0,27% anual para una inversión a 2 años y 2,73% anuales para una inversión a 10
años. Estos números se presentan en momentos de rendimientos muy bajos pocas
veces dados en la historia. La historia no nos asegura resultados para el
futuro, pero inversiones en paquetes diversificados de acciones dan ganancias
anuales promedio de 7,87% y no dan ninguna pérdida para cualquier inversión
realizada por un período de 15 años.
Que esto se de
de esta manera se da porque la contraparte final de todo instrumento de inversión
es una entidad, empresa o gobierno que está de acuerdo en pagar un interés o
una ganancia al inversor que financie sus proyectos. Además tienen todos los
incentivos en respetar esos acuerdos, tanto por las penas en el caso de no
respetarlo como por la posibilidad de, en el caso de respetarlos, poder seguir
encontrando financiación en el mercado.
EL JUGADOR
Y EL INVERSOR
Ahora lo que
nos preguntamos es ¿Porqué alguien querría apostar en el casino si sabe que va
a perder?. La respuesta es simplemente porque quiere divertirse. Hay una
actitud racional en querer apostar a pesar de que la ganancia esperada sea
inferior a lo apostado, la propensión al riesgo. Si uno siente placer por el
riesgo, lo racional es apostar, al punto de aceptar ganancias esperadas negativas
si es que estás vienen atadas a altos niveles de riesgo. Respeto al jugador que
concurre al casino reconociendose como “propenso al riesgo”, solo le aclararía,
que en la bolsa puede encontrar formas de saciar su propensión al riesgo
mediante inversiones altamente riesgosas y con resultados esperados mayores que
los que le ofrece el casino. Despreciar esas alternativas por el casino, si
deja de ser racional.
Pero no es el
jugador propenso al riesgo a quien la bolsa recibe mejor, sino a la mayoría de
nosotros mortales que somos adversos al riesgo. Que preferimos no jugar el
juego en el cual en un tiro de moneda si gano obtengo una segunda casa, pero si
no gano pierdo la única que tengo. La bolsa espera a todos ellos y ofrece
instrumentos de inversión con diferentes ganancias esperadas y riesgos. Pero una
relación siempre se mantiene, a mayor riesgo, mayor ganancia esperada. Los
instrumentos que sean más riesgosos deberán pagar una tasa de rendimiento más
alta para atraer a los inversores. Desde
el lado del inversor, todos somos adversos al riesgo, pero a aquellos que nos
animemos a tomar más riesgo, la bolsa nos dará una ganancia extra por esto, lo
que se conoce como prima de riesgo.
Dejo entonces
abierta esta convocatoria a favor de la bolsa como un ámbito muy diferente al
que nos encontraríamos en un casino. En la bolsa, el inversor espera ganancias
racionalmente y es premiado cuanto mayor riesgo esté dispuesto a tomar. Así
serán bienvenidos quienes quieran tener total seguridad de sus ahorros e incrementarlos
mientras no los necesiten como así también quienes deseen realizar operaciones
especulativas en búsqueda de ganancias extraordinarias. Lo único a tener en
mente es saber que es lo que cada uno busca para sus ahorros. En todo este blog
buscamos encontrarán sugerencias para orientar adecuadamente sus inversiones.
[1] La
ganancia esperada se calcula como la sumatoria del premio de cada escenario por
la probablidad de que ese escenario suceda, en nuestro caso 1/100 * $ 70 +
99/100 * $0 = $0,70
Me parece un artículo genial y lo has explicado muy bien para quién no entendemos ni de bolsa ni de suerte.
ResponderEliminarGracias